Les pedimos a los artistas de Bestiario que nos contaran cómo llegaron a la obra que están exponiendo. Esto nos escribió Samanta Abugauch:
Una mañana, mientras armaba un nido con los tallos de un ramo de flores que me había regalado Dafne, mi gato Salem se acurrucó en él.
No sabía exactamente qué estaba haciendo yo, más que descargar y sublimar un concentrado entramado de angustias de ese momento. Pero sí pude entender muy fácilmente qué estaba haciendo mi pequeño felino.

Fue un gesto involuntario, suyo y también, de algún modo, mío. Y en eso que yo todavía no terminaba de comprender, algo que dolía comenzó a transformarse en creatividad. Le agregué las flores al nido y nos pasamos tres días sacándole fotos.
Salem había llegado a mi vida un año antes de ese acontecimiento. Mientras yo vivía en México, entró al registro de adopción de gatos de Monterrey el día de mi cumpleaños. Lo adopté inmediatamente.
Cuando finalmente nos conocimos, lo primero que hizo fue dormir conmigo.
A veces pienso que antes de conocernos ya habíamos entrado, de alguna manera, en el sueño del otro.
Quizás Salem no haya sido una casualidad. Quizás haya sido un regalo que venía de otro mundo.
Pero esto no empezó con Salem.

Desde Pepa, mi primer gato, tengo una relación extraña con estos seres. Durante mucho tiempo empezó a despertarme alrededor de las cinco de la mañana, exactamente a la hora en que nací. Otra casualidad, capaz. Empecé a pintar a esa hora y ese año terminé dedicándome por completo al arte.
Siento un vínculo especial con los animales, sobre todo con los gatos. Los veo en mis sueños. Me cuentan secretos. A veces siento que me llaman desde otros lugares. Hay algo en ellos que todavía no termino de comprender, un mensaje que se repite y que voy descubriendo a medida que trabajo.
Y las casualidades siguieron acumulándose.

Hace un mes conocí a Clifford, un gato que vive en Salem, Massachusetts.
Antes de conocerlo, había sentido que un gato me llamaba en sueños desde la Witch House de Salem. Sin saberlo, la casa donde habían reservado un altillo para mi estadía era al lado de la casa con la que había soñado tantas veces.
Pienso que, por alguna razón, yo debía estar en esa ciudad que se llama igual que mi gato. Y, como una coincidencia más, al llegar a Salem te recibe una escultura de Samantha, la bruja de Hechizada, que lleva mi mismo nombre.
No sé qué hacer con esas coincidencias y quizás tampoco quiera explicarlas. Me interesa más permanecer atenta a ellas, dejarlas entrar en el trabajo y observar qué ocurre.

Por eso esta pintura no es solamente una pintura sobre Salem, ni sobre un gato dentro de un nido. Es una de las primeras materializaciones de un proceso creativo que vengo registrando desde hace casi dos años en fotografías, anotaciones y bitácoras.
En ese proceso los gatos aparecen una y otra vez: gatos reales, gatos soñados, gatos que llegan, gatos que se van, gatos que parecen señalar algo antes de que yo pueda nombrarlo.
Y cuando veo a mis gatos dormir vuelvo inevitablemente a una reflexión de John Gray en Filosofía felina. Los gatos y el sentido de la vida:
«Cuando duermen es posible que sueñen, pero no hay motivos para pensar que sueñan que están en otro mundo».
Bestiario puede visitarse en el Centro de Arte Contemporáneo Chateau Carreras — Antonio Seguí hasta el 8 de noviembre de 2026.