Les pedimos a los artistas de Bestiario que nos contaran cómo llegaron a la obra que están exponiendo. Esto nos escribió Paola Cervio:

Hace un tiempo venía trabajando, en una clínica de arte con Marta Rivero, un proyecto al que llamo IN.MUNDO. Este proyecto propone dirigir los ojos hacia aquello que muchas veces evitamos ver: lo incómodo, lo oculto y lo que se quiere mantener fuera del campo visible. Las larvas aparecen ahí como las protagonistas del proyecto. Aparecen bordadas en pañuelos, en largas fajas, en cáscaras de mandarina y también se transforman en pequeñas criaturas como los chanchos-larvas.

Al terminar la clínica, los chanchos-larvas permanecieron guardados en una caja, envueltos en una tela blanca. Cuando vi la convocatoria de Bestiario, pensé inmediatamente en ellos, que estaban siendo invitados a florecer, a mostrarse. Armé la carpeta y al momento de buscarlos para terminar de preparar el material, abrí la caja y muchas polillas salieron volando. Los encontré cubiertos de pequeñas larvas que se estaban comiendo la mandarina. Mis chanchos larvas estaban siendo comidos por ellos mismos.
Algunos habían quedado completamente pelados. Otros, todavía conservaban las marcas, los restos de aquello que, por un momento, había sido alimento para las larvas.
Durante un tiempo, sin que yo lo supiera, los chanchos-larva habían estado habitando otra forma de Bestiario: una pequeña cadena de transformaciones, donde nada permanece del todo en el mismo lugar.
Le mandé las imágenes a Marta para que me calibre la brújula, me oriente en esta materialidad y ella dijo: la obra parece escribirse sola. Seguí las coordenadas y envié las imágenes como estaban, aceptando que la obra ya no me pertenecía.
Y así fue que mientras esperaba una respuesta de la convocatoria, los chanchos-larvas siguieron reproduciéndose: de 27 en la foto llegaron 60 al CAC.
En el momento de la presentación, cuando los vi en el museo, se me vinieron dos imágenes, dos formas de mirar. Por un lado, una vitrina de panadería: si poseo el equipo sensitivo adecuado, puedo tragarlos, digerirlos, quedarme con algo y desechar lo que no me sirve, como si existiera un aparato digestivo extra para ver/incorporar obras de arte.
Por otro lado, una incubadora que muestra lo que hay que cuidar o lo que puede lastimarme. Lo miro con distancia, con una imposibilidad de acceso, con la seguridad de que aquello no puede tocarme.
Las larvas son figuras amorfas, organismos en transformación, todavía sin una forma definitiva. Pueden convertirse en mariposas o en moscas.
Estas larvas fueron indecisas y pretenciosas: quisieron seguir siendo larvas, chanchos y mandarinas. El miedo a la mezcla es lo que define a un monstruo. Soportar el entre, permanecer en ese espacio de indefinición, en ese territorio que no respeta categorías que deberían mantenerse separadas, nos da miedo. Pero ese mismo terreno es también una promesa.
Chanchos, seres para la muerte, dice Peter Pal Pelbart; tachos de basura, diría mi madre, quien ve cada semana pasar al Víctor, el chanchero de la ciudad, para recoger los desperdicios y convertirlos en alimento de los chanchos, que luego serán nuestro alimento.
En la vitrina, estos seres permanecen suspendidos en ese momento incierto de la transformación: ni larvas, ni chanchos, ni mandarinas.
Algo todavía está por eclosionar.
Bestiario puede visitarse en el CAC - Centro de Arte Contemporáneo Chateau — Antonio Seguí hasta el 8 de noviembre de 2026.